Diego nos transporto al cementerio de los libros, los que han sido censurados y los que deberían salvarse del olvido.
Desde este camino yo me he estado preguntando ¿Cuál es la fragilidad de los libros en la actualidad? Un día iba en el metro de la ciudad de Medellín muy feliz, absorta en mis pensamientos, hasta que escuche una serie de comentarios por parte de estudiantes de secundaria sobre un reallity show famoso en Colombia, para nada educativo donde se promueve una cultura de falsedad y odio, y estoy segura que nunca se ha mencionado un libro allí. Lo más triste de este caso, es que entre la lista de programas más vistos por COLOMBIA (20 millones de Colombianos) esta ese. Me pregunto si a un encuentro literario, un club de lectura, a un encuentro con un autor, a un semillero de investigación se reúne tal cantidad de gente.
Desde mi perspectiva no es así, esta es la fragilidad de los libros en la actualidad, que no se promueva su cultura, su lectura, que el interés se vaya en otras direcciones. Ahora bien. ¿Qué puedo hacer yo ante una realidad tan latente como la que he presenciado, que esta aquí y ahora como la inteligencia artificia? Luchar contra ello seria un desgaste energético, más bien, me propongo a mi misma utilizarlo a mi favor, se necesita creatividad, una lectura consciente de los estudiantes, del ambiente, de mi misma, del exterior.
Esto es un tema que me angustia demasiado, todos los días me pregunto por el como seré yo en el aula, la respuesta la encontraré cuando enfrente a ella de lleno, este año ese es mi propósito. ¿Qué si tengo miedo? mucho. ¿Qué se hace con el miedo? se toma de la mano y se camina con el.
Esto me ha despertado mi radar reflexivo, y he estado interiorizando este mensaje: hay muchas formas de habitar el mundo, por ende, la labor del maestro más que educar, o entregarle al otro una serie de conceptos, es seducirlo y acompañarlo para que el mismo deseo lo lleve a encontrarse con sus propósitos.
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